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Nueva York retorna a los años previos a la alta tecnología

NUEVA YORK, Ago 15, 2003 - En una ciudad como Nueva York, cuyos habitantes están conectados al teléfono celular, a internet y a las cadenas de cable las 24 horas del día, estos han vuelto a descubrir los beneficios de las cabinas públicas de teléfonos y las radios a pilas.

Cuando la ciudad se vio privada de electricidad el jueves de tarde, se vino abajo el entero universo de las comunicaciones electrónicas. Millones de personas perdieron instantáneamente todos los vínculos con sus oficinas, casas, familias y amigos.

Hombres de negocios en la estacada no pudieron siquiera entrar sus habitaciones de hotel, ya que sus llaves electrónicas no funcionaban más y muchos tuvieron que dormir en la calle. De cualquier manera, no hubieran tenido aire acondicionado en las habitaciones. Sin ventiladores, los neoyorquinos trataron de refrescarse con abanicos de papel.

Ordenadores fuera de servicio, pantallas negras en los televisores y teléfonos portátiles mudos: las autopistas de la información de Nueva York estaban bloqueadas.

Mientras el temor a un ataque terrorista afectaba a todos, fue necesario encontrar rápidamente radios a pila para tener informaciones fiables.

Millones de personas descendieron de los rascacielos y la muchedumbre se agolpó alrededor de cualquiera que tuviera una radio a transistores para enterarse de los últimos episodios de la crisis.

Las pequeñas estaciones de radio locales saltaron al firmamento de los medios de comunicación. Todos los responsables, entre ellos el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, hablaron a través de ellas.

Irónicamente, dado que casi nadie las miraba, algunas cadenas de televisión locales se mantuvieron en el aire, y desplazaron sus estudios, buscando modificar el emplazamiento de su transmisor.

"Corremos el riesgo de que nos quedemos sin cámaras", dijo Sue Simmons, una responsable de edición de la cadena local WNBC a su corresponsal Gabe Pressman antes de agregar " ... y sin espectadores también".

En menos de una hora, las redes de telefonía móvil quedaron saturadas.

Las mismas contemplan que el 20% de los usuarios enciendan sus teléfonos portátiles al mismo tiempo, y por eso no resistieron cuando el 80% de ellos intentó comunicarse simultáneamente con alguien.

Cuando la red ya no aguantó, las viejas cabinas telefónicas, que funcionan con monedas de 25 centavos, se convirtieron en las reinas de la comunicación.

Largas filas de espera se formaron detrás de cada una de las cabinas con fuertes gritos contra quienes prolongaban demasiado sus conversaciones.

Los únicos comercios abiertos era los que vendían bebidas y alimentos (...) con la condición de tener efectivo.

"Creo que si hay una lección para sacar de todo esto ella es que nos creímos demasiado que es normal tener todo esto", afirma la abogada Sandra Lau, quien agregó con humor: "Siempre quise saber cómo era vivir en los años 40".

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